Muchas veces me paro a pensar en porqué escribo. Escribo por perder el tiempo, escribo por pasar el rato, escribo por divagar, escribo para que al lector le guste y comente, o simplemente, si lo hago por vicio. Claro está que si sigo haciéndolo, será por esto último. Pero hacerlo por vicio, implica no solo el hecho de escribir, también implica un lector. Es fácil desanimarte cuando obtienes críticas negativas sobre tu trabajo, pero más fácil es si, ni si quiera, pasa eso.
Cuando una persona escribe y publica, más allá del contenido, espera en la mayoría de los casos una reacción por parte del lector anónimo. Y no estamos hablando una suma de números en el contador de visitas (que ya es halagador). Pero el escritor necesita de esa opinión del lector y de saber qué es lo que el lector piensa de tu forma de escribir o del contenido que abordas. Eso es lo que mantiene con vida la mayoría de aspectos cotidianos en la vida de un escritor.
Por esto, hago este llamamiento que no solo se puede aplicar a esta página web, se puede extrapolar a cualquier aspecto del día a día.
Hablo desde el respeto más absoluto.
Un placer: David
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